Carbono azul, una iniciativa innovadora

La noción del carbono azul cobra fuerza en los últimos dos años, pero no todos estamos enterados de qué se trata realmente, ni cómo se trabaja, no conocemos su gran importancia e inclusive algunas personas nunca han escuchado sobre el tema. El carbono azul se refiere al carbono que se encuentra almacenado en los ecosistemas marino-costeros.

A nivel global, la Iniciativa Internacional de Carbono Azul, como se le conoce oficialmente, reúne a gobiernos, instituciones de investigación, organizaciones no gubernamentales y comunidades de todo el mundo. La iniciativa es coordinada por la Conservación Internacional (CI), la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) y la Comisión Oceanográfica Intergubernamental de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (COI-UNESCO). Su misión es buscar el reconocimiento internacional de la importancia de los ambientes marino costeros para la mitigación y la adaptación al cambio climático. Para esto ha creado grupos de trabajo bajo la filosofía de que para implementar este tipo de actividades es necesaria la información basada en ciencia y también el desarrollo de políticas públicas a nivel nacional e internacional para el correcto desarrollo de proyectos.

La Iniciativa Internacional de Carbono Azul se centra actualmente en tres ecosistemas marino-costeros prioritarios:

  1. Pastos marinos: hierbas, plantas con flores y frutos que nacen, crecen, se reproducen y mueren bajo el agua; incluso son polinizadas por corrientes marinas y algunas por peces.
  2. Marismas saladas: ambientes semi-inundados y por las mismas condiciones del suelo, la alta salinidad y la arena, estos ecosistemas generalmente no pueden soportar la presencia de árboles grandes; domina una comunidad de arbustos pequeños y Cyperáceas.
  3. Manglares: árboles y arbustos que resisten altos niveles de salinidad. Una de sus adaptaciones es su capacidad de traslocar el sodio del agua, el cual es tóxico para el crecimiento de las plantas, a la superficie de las hojas.

¿Por qué y cómo trabaja esta iniciativa?

Varios estudios han determinado que los manglares costeros secuestran hasta cinco veces más carbono que los bosques terrestres. El correcto manejo del carbono azul junto con el “carbono verde” (almacenado en bosques y sus suelos) aportaría de forma significativa a la mitigación del cambio climático. Por esto, la Iniciativa Internacional de Carbono Azul busca reconocer a los ecosistemas marino costeros como una herramienta para mitigar el cambio climático. Es por eso que se han formado grupos de trabajo de ciencia y política.

El grupo de trabajo científico se encarga de identificar las áreas prioritarias de investigación, sintetiza las investigaciones de carbono azul actuales y emergentes y proporciona una base científica sólida para la conservación, la gestión y la evaluación de carbono en las costas.

Según Cifuentes, miembro del grupo de trabajo científico de la Iniciativa, sus prioridades se enfocan en desarrollar ciencia básica, conocimiento acerca de estos ecosistemas, determinar cuál es el potencial de mitigación y cómo podemos aplicar ese potencial y utilizar ese conocimiento de forma concreta para desarrollar proyectos de mitigación y adaptación al cambio climático en zonas marino costeras.

Por otro lado, el grupo de trabajo sobre políticas apoya los esfuerzos para integrar el carbono azul en los marcos normativos internacionales existentes, como la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) y su mecanismo REDD+, entre otros.

El CATIE como líder regional de carbono azul

El CATIE lidera investigaciones científicas y la generación de políticas de carbono azul en Centroamérica. El tema es liderado por el Dr. Miguel Cifuentes Jara, a través de proyectos diseñados para contribuir con un mayor conocimiento de la dinámica de carbono en los ecosistemas marino costeros. Además, los proyectos del CATIE abarcan el diagnóstico de los medios de vida de las poblaciones costeras, la valoración de servicios ecosistémicos de manglares de los que dependen esas poblaciones, y estudios de vulnerabilidad para generar propuestas participativas de adaptación al cambio climático en esas zonas.

Para lograr medir la cantidad de carbono en los manglares se realizan inventarios de campo y análisis de laboratorio. En Costa Rica, se han inventariado cerca del 90% de las 48.000 hectáreas de manglares del país, lo cual representa un gran avance y refleja el gran trabajo. Actividades similares se están realizando en Panamá y El Salvador. Además, se están iniciando ejercicios de valoración de los servicios ecosistémicos generados por los manglares y estudios de vulnerabilidad de esos ecosistemas y las comunidades humanas asociadas. En noviembre se anticipa tener una reunión regional para procurar la armonización de técnicas y herramientas utilizadas regionalmente para la medición y monitoreo de manglares. Finalmente, en Costa Rica se está atendiendo una solicitud oficial del Gobierno para construir una ambiciosa Política Nacional de Carbono Azul; que sería la primera en oficializarse en todo el mundo.

Se han obtenido datos importantes gracias a los inventarios; ahora se sabe, por ejemplo, que los manglares pueden almacenar más de 1000 toneladas de carbono por hectárea y que cuando se cortan los manglares y se convierten en otros usos como camaroneras y salineras se pierden entre el 86% y hasta el 96% del carbono almacenado. En un reciente estudio realizado en el Golfo de Nicoya, Costa Rica, se encontró que la pérdida de alrededor de 2400 ha de manglares entre 1956 y 1985 provocó una emisión total de dióxido de carbono que representa casi un tercio (28 %) del total de emisiones nacionales de CO2e. Este tipo de datos no ha sido considerado antes en los balances nacionales de gases de efecto invernadero, por lo que los países podrían estar subestimando considerablemente sus estimados históricos de emisiones.

Por estas razones, los investigadores hacen un llamado para la construcción de una serie de políticas y acciones que promuevan la conservación del carbono en los ecosistemas costeros. Sólo a través de un esfuerzo concertado entre científicos, políticos y comunidades locales se podrá asegurar la permanencia y la recuperación de las grandes existencias de carbono en estos importantes ecosistemas.

Entendiendo la situación y conociendo el gran aporte que hacen los ecosistemas marino costeros al medio ambiente por medio del almacenamiento de carbono y sus aportes a la estabilidad de los medios de vida de las poblaciones costeras, ¿qué elementos serían necesarios para construir una red regional de proyectos de carbono azul?

Para conocer más del tema puede visitar: http://thebluecarboninitiative.org/ (página en inglés)